10 de diciembre de 2015

Navidukkah

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Cómo nos gusta odiar la Navidad; a mí, la primera. Aunque no soy la única. Cada año oímos las estadísticas de estrés y depresiones y los tópicos sobre reencontrarse con la familia. Junto con la cantidad de historias de que es una fiesta consumista y de que el espíritu navideño no es lo que debería ser, los que no se deprimen por sí solos lo consiguen gracias al ambiente. Después están los que pelean entre religiones, porque la Navidad es muy impura con tanto Papá Noel. 
De todas las razones por las que puedo odiar la Navidad, ninguna incluye ponerme filosófica sobre lo desquiciada que está la sociedad. Creo que no hace falta buscar razones para celebrar y para poner una nota de color a nuestros días y mucho menos tendrían que hacerlo los que tanto cambio positivo quieren.
Aprovechemos estos días para ser amables y perdonar. Tendríamos que serlo todo el año pero, como con San Valentín, no está de más poner especial énfasis unos días. Aprovechemos esta fechas para pensar en los demás, los que conocemos y los que no. Y regalemos, regalemos desinteresadamente, regalemos tiempo o recuerdos pero seamos generosos por unos días.
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