60's Bangs

60s sixties bangs fringe

Con lo que he llegado a odiar el flequillo y ahora he caído. Recuerdo que quise llevar flequillo a los cuatro años y me disgustó tanto cómo me quedaba que en seguida me lo dejé crecer (que me costó la vida) y no quise volver a saber nada del flequillo, es más siempre he sido una activista antiflequillo, ha sido mi peor enemigo y aquello que me hacía ver a la gente con otros ojos. Y eso que cuando lo llevaba tenía el pelo liso. Obviamente desde que se me volvió a ondular, llevar flequillo es la mayor estupidez del mundo puesto que ni siquiera me peino, como para arreglarme el flequillo cada día varias veces al día porque sí, es un pelo rebelde y sudo más que Camacho. 
Hace un año toda la farándula volvió a cortarse flequillo (además la palabra flequillo es fea con ganas, suena hasta despectiva) y yo me hundí en la miseria viendo a todos mis ídolos con flequillo, la diferencia es que esta vez era un flequillo sesentero (que ya sabemos que es mi década favorita de estilismo, en el próximo capítulo os hablaré de los crepados con los que también tengo una historia) y no ese flequillo hacía un lado que se puso de moda hace casi 10 años. La verdad es que por muchos cambios que intente con mi pelo lo que más me gusta es lo que llevo normalmente y que he llevado desde que vino el escalado aunque en esta última década lo he ido puliendo hasta encontrar las directrices correctas para dar a la peluquera. En cierto modo estoy muy contenta de haber encontrado lo que considero que más me favorece y con lo que me siento más cómoda e identificada pero me cansa mucho y de vez en cuando me apetece un cambio. Me lo pienso muchos años y de hecho haber tardado un año lo considero poco teniendo en cuenta que lo hubiera hecho antes si no fuera porque no quería llevar flequillo en pleno verano con todo el calor y los baños en la playa y en la piscina. Creo que aunque no tenga mucha experiencia con flequillo, conozco bastante mi pelo (que va cambiando con los años) pero si necesitáis o queréis una guía de puntos a tener en cuenta antes de cortaros flequillo o recomiendo los trucos de Fashionista.
En la misma medida creo que antes de cualquier cambio de look hay que mentalizarse, no tanto porque, sobretodo en este caso, no haya marcha atrás o sea un tema muy serio, sino porque es algo con lo que vamos a convivir y nos guste o no, la apariencia nos importa (y si te estás planteando un cambio de rumbo con tu aspecto es que te importa) y lo importante del tema es sentirnos a gusto. He llevado el mismo corte por el hombro por decisión propia y por decisión del peluquero (o por falta de maña del peluquero) y además de llorar al principio y pasarlo fatal durante años acabé por tener fobia a la peluquería, cuando creo que la peluquería tiene que ser un sitio en el que puedas relajarte y dedicarte unos minutos y del que salir con un chute de autoestima. Considero que los tratamientos de belleza son lo más superficial del mundo (y el gobierno también, 21% de IVA) a un primer nivel pero también pueden ser muy terapéuticos a nivel psicológico y una cura para el alma (a diferencia de las políticas sociales). 
Para los cambios de look hay que pensarse, más que si sí o si no: qué es lo que quieres, qué es lo que tienes y qué te preocupa. Analizado esto y con unas fotos que lo respalden para el profesional es cuestión de comunicarse y, por lo que me he encontrado yo, suelen ser cosas o bien graduales o bien con doble o incluso triple confirmación.

Imágenes izqda. a dcha. y de arriba a abajo 1 // 2 // 3 // 4 // 5 // 6

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