La Mantequilla Cadí


¿Os acordáis de cuando vivía en el extranjero? Yo tampoco. No obstante tuve un flash hace poco de una sensación muy extraña que tenía en aquella época. Era agridulce porque no me ponía triste ni me pasaba en un momento triste pero me recordaba a otra época a otra versión de mí y a que aunque en el día a día no se notara y no fuera algo que me molestara, estaba lejos de casa y mi vida había cambiado.
Se trataba de algo que hacía muy a menudo como es coger la mantequilla. No tiene nada que ver con la calidad porque los lácteos en Suiza son muy buenos pero ese gesto para mí tenía un significado especial. La costumbre era ver el paquete de la marca Cadí, la que me ha acompañado toda la vida y lo que tiene es que es de un color amarillo estridente difícil de olvidar. Así que ese movimiento tan simple, casi por inercia presentaba ciertos obstáculos para mi memoria sensorial porque no asociaba el envoltorio metálico con la mantequilla y desencadenaba la sensación de que yo me paraba y el resto del mundo seguía girando a mi alrededor rápidamente.

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