Agosto


He mencionado anteriormente que me he sentido atrapada y creo que no llegué a explicarlo bien o a explicarlo en absoluto. La cuestión es que viendo El diablo viste de Prada (chupito cada vez que hable de esta película) recordé que nunca me ha parecido que Andy tuviera elección la cantidad de veces escoge su trabajo frente a sus allegados (cosa que no me pasó con la novela de la misma autora que comenté en el último post). 
Francamente, creo en muchas ocasiones en la vida no tienes elección. De esto quedan exentos los multimillonarios ¿Por qué creéis que son tan excéntricos? Porque no tienen limitaciones en cuanto a tiempo o dinero y no tienen que pensarse las cosas o aguantar nada que no quieran aguantar. Tienen el mundo en sus manos y, al mismo tiempo, a sus pies. Para el resto de los mortales esto no es así y siempre tendremos alguna restricción. Por lo que, no, a veces, no tenemos elección. 
Es esa sensación de que te queda un último cartucho y, aunque no te guste o no creas que valga la pena lo que haces, no te puedes permitir volver a fallar, a empezar o a huir. Al cabo de un tiempo ya no sabes qué está bien, qué está mal, qué mereces y que no. Pierdes de vista la raya, básicamente te pierdes y no sabes si o cuánto te puedes mover ni en qué dirección. En definitiva, estás atrapada.

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