La Coyuntura De La Corbata



Siempre me ha fascinado el nudo de la corbata, por su forma pero también por su técnica, a la que rodea un aura de misterio por su aparente complejidad. Ese secreto tan bien guardado de los chicos que se pasa de generación en generación y que supone un rito de iniciación y de madurez es, junto al fuera de juego, la división imaginaria entre los dos géneros (dejemos el diálogo sobre el sistema binario para otro día, por favor). 
Mi padre llevaba traje y corbata de lunes a viernes y siempre le regalábamos corbatas en fechas señaladas o como souvenir, éramos esa clase de familia. De hecho, aún no entiendo el cachondeo que se trae todo el mundo con la falta de originalidad de regalar una corbata. Nunca se tienen demasiadas corbatas, una buena corbata te puede sacar de un apuro, la corbata envía un mensaje único y nunca os ha regalado una corbata alguien con tan buen gusto como yo. Di sí a la corbata.
No es de extrañar que me apeteciera un montón aprender a hacer el nudo de la corbata.
Recuerdo perfectamente cuando mi padre me enseñó a anudarme la corbata. Me dijo que el sólo se lo sabía hacer a sí mismo, así que yo también me lo sé hacer únicamente a mí misma. Estábamos en casa, donde teníamos una chimenea rodeada por un pequeño espejo que llegaba del suelo al techo. Yo estaba en el hueco en el que te veías el cuerpo entero porque la chimenea era más alta que yo y él estaba enfrente de la chimenea para que pudiera copiar paso por paso lo que hacía. Para él era tan intuitivo que tuvo que hacerse el nudo entero varias veces ralentizando en un paso distinto cada vez para que yo lo entendiera y él no se perdiera. No tengo hermanos así que yo tomé el testigo de una forma distinta y por una razón distinta a la que lo haría un chico y supongo que fue una situación que mi padre no esperaba vivir. Es un recuerdo que guardo con mucho cariño, es uno de los pocos que me queda y en el que pienso cada vez que lo hago. 
Para mí la corbata no tiene el significado que tiene para un hombre, no es una obligación (aunque cada vez sea menos común) ni un agobio que me incomoda y me impide respirar. Por una vez, se trata de una prenda, de un protocolo, de un código de vestimenta y, en general, de una expectativa en cuanto al aspecto que no presiona a las mujeres. Pensaréis que no tiene sentido que vaya yo y lo asuma pero me gusta que en mi caso sólo se trate de diversión y creatividad. Me encanta tener la opción pero no la obligación y lo que más me gusta es usar ese nudo para pañuelos, cuando no sabes cómo ponerlo para que no moleste pero te apetece llevar un pañuelo por el toque que dan, el nudo de la corbata, además del de la Infanta Elena, es una buena opción para que quede plano. Larga vida a la corbata.

P.S.: Si os lo estáis preguntando, hago el nudo italiano.

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