Lo Que Refleja El Black Mirror


Recientemente me topé con este artículo de Vanity Fair sobre las series españolas y las diferencias con las americanas en lo que a la temática se refiere. La verdad es que me hizo pensar y extrapolar lo que sucede en el mundo de la televisión (o del streaming) a otros aspectos de nuestras vidas. No quiero que ninguno de los entrevistados para el artículo se sienta atacado u ofendido por lo que pueda decir porque no va sobre ellos, va sobre dónde ha acabado mi cabeza al leerlo y como he dicho es una extrapolación, está sacado de contexto. Probablemente diga más sobre mí que sobre ellos.
Tenéis que leerlo pero básicamente la pregunta que se plantea Arenas es la siguiente ¿Por qué hay tan poca actualidad política en las series españolas? 
Por una parte se presenta la hipótesis de que Estados Unidos tenga más experiencia, que la tiene. La falta de experiencia es el argumento número uno ante la falta de calidad. Es cierto que todos los comienzos son difíciles y que en gran parte son cuestiones más conductuales que técnicas. Por ejemplo, un trabajo en la escuela tiene una gran carga de normas en cuanto al formato aparte de la evidente precisión del tema a tratar. El caso más claro es de la burocracia que supone un gran número de pasos aleatorios y subjetivos a seguir para conseguir un fin que podría conseguirse más fácil con sentido común. Una cadena de mando o una jerarquía también son ejemplos en los que el orden debe facilitar y equilibrar una tarea. Lo bueno de las conductas es que una vez te habitúas a ellas no tienen más dificultad. Esto me recuerda al recelo que hay a digitalizarse en este país, todo es más fácil  y rápido pero existe un temor a la novedad que se disfraza de incomprensión frente a las TIC y yo solo puedo pensar en que es lo que se dice de los países del Tercer Mundo, que no se pueden industrializar porque no han pasado por el proceso de desarrollo del Primer Mundo. No hay que vivir lo mismo que nuestros antepasados para adoptar las costumbres de hoy en día, eso es la evolución. No veo a nadie aprendiendo a hacer fuego con piedras y palos antes de usar un mechero. Este es el enfoque que se está empezando a aplicar en la educación, un enfoque más práctico y más inductivo. Tal vez el problema es ampararnos en la falta de experiencia por comodidad o cautela y acabar frenando el desarrollo.

También se nombran las plataformas de streaming, otro gran ejemplo de la cautela frente a las novedades que llegan al país, aunque en este caso auguran un futuro positivo. El amor-odio es otro de los culpables de que estemos en el limbo en tantas cuestiones, no vamos ni para adelante ni para atrás. Tenemos que esperar a que lo haga otro, las plataformas de streaming o el comercio online y las entregas en horas. También somos muy extremistas, dejadme explicar, no es lo que estáis pensando. Nos da por prohibir terminantemente o por ser la gente más despreocupada del mundo, no tenemos término medio. Somos obsesivos con las tendencias como es el caso de los cupcakes que cuando se pusieron de moda solo era posible encontrar cupcakes. Ahora con los flotadores de flamenco que se pusieron de moda hace al menos tres años pero que aquí lo hemos adoptado ahora y han salido hasta en el telediario. Porque lo de tener personalidad tampoco, hasta que no triunfó en el extranjero aquí era imposible conseguirlo, el mejor ejemplo de lo rezagados que somos es la estela de Downton Abbey que aún nos persigue con la cantidad de series de época que les ha dado por hacer aquí. La historia de que para triunfar en España tienes que hacerlo fuera. Comentan en la entrevista la inspiración de otras series exitosas y el miedo de no gustar a un gran público pero por lo general cuando quieres abarcar mucho no abarcas nada.

Siguiendo esta línea argumentativa hay miedo a tratar temas aparentemente tabú, el archiconocido e ubicuo terrorismo, por ejemplo. Ya he explicado como no es una posición que entienda pero sí que he notado que el discurso político siempre es "esto no es tan grave como el terrorismo" como si se estuvieran reservando para un ataque terrorista y cuando finalmente ha habido un ataque terrorista tampoco han sabido estar a la altura. Me permitiréis que en este caso hable en tercera persona pero sigo sin poder empatizar con las autoridades. Creo que la reacción estadounidense al terrorismo es más exagerada que la nuestra y no les veo escondiéndolo, es más, al más puro estilo norteamericano lo han sabido vender y aún están viviendo del 11S. Y tampoco veo que en las series americanas se posicionen con los republicanos, quiero decir, siempre habrá una opinión popular o más políticamente correcta (bendita ironía) más fácil de vender. En twitter gana Podemos pero las elecciones las gana el PP.

El artículo acaba mencionando la distancia a la que se encuentran los espectadores de los programadores. Ya he hablado de como la administración y las autoridades viven también en un universo paralelo a la ciudadanía, el ejemplo más reciente es el de la reacción a los ataques terroristas en Barcelona pero el más evidente fue el tiempo que estuvimos sin Gobierno y lo bien que nos fue.

Voy a acabar con una de mis series favoritas que creo que incorpora muy bien la realidad a su trama más allá de ser un marco temporal y que demuestra como se puede usar el entretenimiento como herramienta para hacer un llamamiento y al mismo tiempo evidencia como no hemos evolucionado tanto en estos años. Se trata de Plats Bruts (1999). Es una sitcom de Joel Joan para TV3 (quién los ha visto y quién los ve) que coprotagoniza junto a Jordi Sánchez (conocido en el resto de España como Antonio Recio, mayorista, no limpio pescado). La crítica social y política está presente de una forma muy sutil de manera que es una serie apta para todos los públicos y de necesaria repetición en distintos momentos de la vida para poder entender todos los matices. Los personajes hablan en pesetas pero los problemas de los personajes y el panorama social y político es el mismo casi 20 años después. Ahí es nada.

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