Entre Mujeres


En estos últimos días han salido a la luz varios ejemplos en los que actrices que interpretaban a amigas íntimas en la pantalla, en la realidad, no lo eran tanto. Me he dado cuenta de la gran presión que hay y los estándares o expectativas sobre las relaciones femeninas.
Tenemos fama de apuñalarnos por la espalda e insultarnos y parece que tengamos la culpa de que se nos llame de todo por actuar igual que un hombre.
First of all, no hay que meterse en las relaciones ajenas porque las dinámicas internas son distintas para cada caso. Voy a centrarme en estos casos que han salido en la prensa últimamente.
Primero salió, para el décimo aniversario de la serie, la noticia de que Blake Lively y Leighton Meester, Serena van der Woodsen y Blair Waldorf, respectivamente, de Gossip Girl, nunca fueron amigas. Recalquemos amigas, porque todos dejaron muy claro que no se llevaban mal y no es que no pudieran estar juntas en el set, simplemente no eran amigas. Que todos nos lo creyéramos me parece el mejor halago a su trabajo. En eso consiste ser actriz y todo el romanticismo de las series y los universos paralelos e imaginarios. No podía salir cuando se daba la serie porque había que mantener la ilusión y que salga ahora da mucho juego para volver a poner el punto de mira sobre la serie. Para que, hasta los que la hayan visto, puedan verla desde otro punto de vista. También pasó con Castle y Beckett y Johnny y Baby de Dirty Dancing que al cabo de un tiempo se supo que no se tragaban.
El caso más reciente y actual, y con el que también consiguen volver a poner de moda una saga icónica de hace 20 años, es el de las actrices de Sexo en Nueva York. Kim Cattrall y Sarah Jessica Parker están en pie de guerra. Antes de cada película se dijo que costaba mucho poner de acuerdo a las chicas para firmar el contrato, las noticias que leí yo, decían que la última en firmar era Sarah Jessica Parker (claro que también es productora) y que Kim Cattrall pedía más dinero y tener la misma cláusula que SJP de no hacer desnudos. Hace poco, años después de que se publicara que habría una tercera película y antes de que saliera a la luz la confirmación de los rumores de que Samantha y Carrie en la vida real no se aguantaban, publicaron en España una entrevista a Kim Cattrall por su nueva serie en la que decía que la segunda película había sido un fiasco porque se hizo por el simple hecho de sacar una nueva película pero que no estaba bien ideada, que volvería a hacer otra cuando la historia tuviera un sentido y una finalidad como en su momento tuvo la serie. No ha sido hasta recientemente que ha admitido que ha cerrado la puerta a Samantha y que encantada le pasaría el testigo a otra actriz. Por varias razones, entre ellas avanzar en su vida y no querer volver a trabajar con Parker. Cada día se lanzan varios dardos envenenados, no sé si por querer lavar su imagen; querer que se hable de la serie, que hoy en día no es transgresora en cuanto al tema o al casting o para ponerse de moda (Cynthia Nixon, que interpretaba a Miranda Hobbes, suena para dedicarse a la política) pero tampoco es importante.
Lo importante es que en ambos casos estamos intentando mancillar la gran reputación de dos superproducciones alrededor de mujeres para mujeres (principalmente). Lo importante es que no tienes que ser amigo de tus compañeros de trabajo, tienes que ser responsable de llevar el trabajo a buen puerto y todas ellas lo hacían. No serás amigo de todo el mundo, no te caerá bien todo el mundo pero haces lo que tengas que hacer. Ellas tienen la suerte de poder escoger y no hacer eso que no quieran hacer, por mucho que lo hagan muy bien. Si los líderes de los partidos políticos o Iglesias y Errejón fuesen mujeres no se pondrían de acuerdo porque a las mujeres les gusta fastidiarse, no por diferencias ideológicas.

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